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Cómo controlar tu propio miedo cuando tu hijo está gravemente enfermo
29 de octubre de 2019
Tener un hijo enfermo o herido es una experiencia aterradora, mucho más si esto les cambia la vida. Como padre, tu primera preocupación será cómo consolar a tu hijo y ayudarlo a manejar su miedo. Es posible que hayas hablado con el especialista en vida infantil y el equipo médico, consultado con amigos o leído recursos en línea como nuestra página Niños.
Pero, ¿y tu miedo muy real y muy presente? ¿Encontraste formas de controlar tu preocupación y ansiedad? Lidiar con tus emociones puede parecer un lujo, pero en realidad es una pieza muy importante para ser un padre efectivo.
Obviamente, es imposible que no sientas miedo en algunos momentos. Tu preocupación es justificable. Pero hay cosas que puedes hacer para abordar tus preocupaciones y manejar la ansiedad lo mejor que puedas.
A continuación, encontrarás algunas ideas para comenzar. También puedes visitar la página Cuidar de ti para obtener más sugerencias y apoyo.
Cómo controlar la ansiedad cuando tu hijo está enfermo o herido
Infórmate
¿Uno de los mayores responsables del miedo? Lo desconocido. Si no estás bien informado, es muy fácil pensar en lo peor. Por este motivo es importante tener una comunicación clara y abierta con el equipo médico de tu hijo.
Asegúrate de que los médicos de tu hijo proporcionen actualizaciones regulares, tanto en persona como por teléfono. Durante estas conversaciones, puede ser útil tener un cuaderno para anotar puntos clave, así como una lista de las preguntas que puedan haber surgido desde la última vez que hablaron. A algunos padres también les gusta traer a un cónyuge, familiar o amigo para que actúe como un segundo par de orejas.
Y aunque sea increíblemente tentador buscar respuestas inmediatas para todas tus preguntas, evita al Dr. Google a toda costa. Es difícil saber qué información proviene de una fuente confiable. Además, tu hijo es único y lo que puede ser cierto para una familia, no siempre lo es para otra. Cuentas con un equipo de especialistas altamente capacitados de tu lado, que están enfocados en las necesidades específicas de tu hijo. Ellos conocen mejor su situación y son el recurso más confiable para obtener información.
Habla
Si bien el equipo médico de tu hijo es el mejor recurso para obtener información médica, es posible que no puedan disipar todos tus miedos. Ahí es donde un amigo, un familiar, un líder religioso u otro asesor de confianza pueden ayudar. Puede ser terapéutico hablar de tus preocupaciones y discutir lo que es racional y lo que no. O ayudarte a pensar ideas de pequeños pasos que puedes tomar para abordar tus preocupaciones y manejar la ansiedad.
Al menos sabes que cuentas con alguien que te entiende y que está de tu lado.
Encárgate de lo básico
Puede parecer una obviedad, pero dormir, comer bien y hacer ejercicio son unas de las mejores cosas que puedes hacer para controlar tus emociones. Todos somos seres físicos, y la privación del sueño, el bajo nivel de azúcar en sangre y el letargo tienen un impacto real en el estado de ánimo y la capacidad para sobrellevar el problema.
Es probable que conozcas las reglas básicas, pero aquí te dejo un pequeño recordatorio. Trata de dormir entre 7 y 8 horas, comer alimentos nutritivos a intervalos regulares y hacer actividad al menos media hora al día (tareas domésticas, caminar y otras actividades ligeras). No será perfecto todos los días, pero hasta la más mínima mejora puede tener un impacto significativo.
Practica la atención plena, de cualquier forma
“Atención plena” es un término de moda, pero su significado no es claro para todos. En realidad es más que solo meditación (aunque esa es una práctica increíblemente útil y hay muchas clases y aplicaciones para ayudarte a empezar). En pocas palabras, la atención plena es cualquier actividad que trae tus pensamientos al momento presente, en lugar del futuro o pasado.
La respiración profunda es una manera fácil de acceder a sus beneficios. Cuando sientas que tu nivel de ansiedad aumenta, haz una inhalación abdominal profunda (idealmente, de 5 a 7 segundos), aguanta la respiración durante 5 segundos y, luego, exhala lentamente (de 8 a 10 segundos). Hacer esto no solo proporciona beneficios de calma física, sino que puede ayudarte a mantener tus pensamientos en el aquí y ahora.
Hacer tareas domésticas, manualidades, hacer ejercicio o cualquier otra actividad que disfrutes también puede ser un acto de atención plena. Todo lo que tienes que hacer para transformar tu pasatiempo favorito en una práctica de meditación es bajar la velocidad y tratar de permanecer en el momento presente. Los pensamientos y los miedos surgirán. Cuando esto suceda, simplemente observa y descríbelos, luego, trae tu atención de nuevo a lo que estés haciendo.
Busca otros padres y grupos de apoyo
Además del apoyo de los amigos y familiares, muchos padres de niños enfermos y heridos eligen unirse a grupos de personas que están en situaciones similares, que “simplemente te entienden”. Algunos hospitales y clínicas realizan reuniones regulares a las que puedes asistir. También tendrán sugerencias de organizaciones locales y nacionales dedicadas a la enfermedad específica de tu hijo.
Los recursos en línea pueden ser otra forma de conectarse. Allí puedes encontrar otros padres con quienes encontrar consuelo y compartir consejos para afrontar cualquier situación, en cualquier lugar y en cualquier momento del día. Algunos ejemplos son grupos de Facebook específicos a la enfermedad o Momcology. Solo asegúrate de obtener todos los consejos médicos de tus médicos.
Un comentario: los grupos de apoyo pueden ser excelentes para algunas personas y más estresantes que útiles para otras. Puedes temer escuchar malas noticias sobre el hijo de un amigo, y lo que eso podría significar para el tuyo. Si este es el caso, busca otras áreas de apoyo emocional.
Aprovecha a los profesionales
Si notas que tus miedos interfieren en tu vida durante un período prolongado, puede ser útil buscar apoyo adicional. Hay una vasta red de consejeros, psicólogos, psiquiatras y otros profesionales de la salud mental especializados en el manejo del miedo, el estrés y la ansiedad. ¡Aprovéchalos! Un profesional puede ayudarte a hablar y replantear tus miedos, además de ayudarte a crear un plan para afrontar el problema.
No hay vergüenza en ver a un profesional de la salud mental; de hecho, pedir ayuda es un gran signo de fortaleza. Para comenzar, pídele referencias a tu médico o al de tu hijo. También puedes comunicarte con amigos, familiares o tu compañía de seguros para obtener más sugerencias. Ten presente que encontrar un buen terapeuta se parece un poco a tener una cita. Si el primero no resulta, no te rindas. ¡Hay alguien para ti en alguna parte!